FORMENTERA, ADEMÁS DE PLAYAS

Formentera siempre ha sido uno de esos destinos pendientes. Tan cerca pero tan lejos. De esos que, como están a la vuelta de la esquina, uno siempre piensa “un día de estos iré” y, pensando, se pasan los años y uno sigue sin visitarlo.

Panorámica de la punta norte de Formentera
Camino hacia la Punta d’es Trucadors, en el Parque Natural de Ses Salines

Pero, finalmente, este año ha sido el elegido para visitar la última de las 5 islas del archipiélago balear que me quedaba por conocer. La drástica disminución del turismo extranjero esta temporada ha hecho que muchos españoles, y sobre todo residentes de las islas vecinas, hayamos decidido pasar unos días en la pequeña de las islas Pitiusas.

Todo hecho tiene su lado positivo y su lado negativo. De sobra está mencionar las consecuencias negativas de la situación sanitaria actual sobre el sector. Como contrapartida, hemos podido disfrutar de una Formentera sin la agobiante masificación turística que la caracteriza durante los meses de temporada alta.

Sí, Formentera es un paraíso. Podría escribir todo un artículo dedicado a sus playas, sus aguas cristalinas, ese color turquesa del mar que se te queda grabado en la retina de tus ojos para siempre, … Al fin y al cabo, estas son las razones principales que nos llevan a visitar este pedacito de tierra en medio del Mediterráneo. Pero no, hoy voy a hablar de esas otras cosas que parecen quedar en un plano secundario, pero que no por ello debemos dejar de prestarles atención.

Historia

Formentera es una isla que lleva habitada desde al menos el tercer milenio a.C., y por ello cuenta con un importante patrimonio arqueológico. El sepulcro de Ca Na Costa cuenta con el megalito más antiguo de las Islas Baleares (datado de unos 2000 años a.C.). El yacimiento prehistórico del Cap de Barbaria está formado por veinte yacimientos de la Edad de Bronce, tres de los cuales han sido excavados y se pueden visitar. El Castellum romano de San Blai nos muestra los restos de una fortificación de la época romana. Del s.XVIII son las cinco torres defensivas que servían para alertar de las posibles amenazas por mar. La primera en ser construida fue la torre de sa Guardiola en el islote de S’Espalmador. Las otras cuatro son la torre de Punta Prima, la de la Gavina, la del Cap de Barbaria y la del Pi des Català.

Torre defensiva con la península de La Mola y el mar de fondo
Torre del Cap de Barbaria

Naturaleza

El norte de Formentera forma parte del Parque Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera. El parque engloba un conjunto de hábitats terrestres y, mayormente, marinos. Destaca la acogida de importantes poblaciones de aves migratorias. Han sido censadas 210 especies de aves, entre ellas el flamenco, el tarro blanco o el zampullín cuellinegro. Destaca también la lagartija de las Pitiusas, endémica de estas islas. En el medio marino predominan las praderas submarinas de Posidonia Oceánica, exclusiva del Mediterráneo, la cual ayuda a oxigenar el mar y a mantenerlo limpio.

Dentro del parque encontramos 4 itinerarios autoguiados: Ca’n Marroig-Torre de sa Gavina (al oeste del parque natural), camino de S’Estany des Peix (alrededor del estanque homónimo), camino des Brolls (alrededor del Estany Pudent) y el camino de Sa Guía-Es Trucadors (desde La Savina, a lo largo de las playas de Illetas, hasta la punta norte de la isla).

Arquitectura de Formentera

Hasta finales del s. XVIII, principios del s.XIX, los formenterenses vivían en casas aisladas repartidas a lo largo de la isla. No fue hasta esa época, cuando empezaron a surgir los primeros núcleos urbanos alrededor de las iglesias y sus caminos de acceso.

En San Francesc Xavier, la capital de la isla, encontramos ejemplos de las primeras edificaciones en el Bar Centro, la fonda Plater o Can Manolo. La capilla de Sa Tanca Vella, de 1369, es la más antigua de la isla. A principios del s. XVIII, la capilla ya quedó pequeña para la población y en 1738 se concluyeron las obras de la Iglesia de Sant Francesc Xavier, un edificio austero que sirvió también como fortaleza de defensa durante los años de piratería.

Casa urbana típica de Formentera en una calle peatonal
Can Manolo, una de las casas más antiguas de Sant Francesc Xavier

La iglesia del Pilar de la Mola (1784) se edificó como respuesta a la solicitud de los habitantes de esta zona de la isla, para que no tuvieran que desplazarse hasta la única iglesia existente en Sant Francesc Xavier. También se decidió levantar una tercera parroquia en las Salinas, aunque la obra no se pudo llevar a cabo debido a la insalubridad de la zona y finalmente, casi un siglo después, la última de las iglesias se construyó en Sant Ferran de Ses Roques (1889).

Faro de Barbaria, uno de los lugares más visitados de Formentera

Otras construcciones emblemáticas de la isla son los faros. El más conocido, tal vez debido a la película “Lucía y el sexo”, es el faro de Barbaria. A pesar de ser el de construcción más reciente (1971), destaca por su localización. Situado en un entorno árido y sin apenas vegetación, el faro se yergue solitario en el cabo más al sur de las Islas Baleares, sobre un acantilado vertical de 100 m de altura. El faro de La Mola es otro de los iconos más visitados de la isla. Se acabó de construir en 1861 y se sitúa en el punto más meridional de la isla. Junto a él se encuentra un monolito en honor a Julio Verne por la mención de la isla y el faro en su libro “Hector Servadac, viajes y aventuras a través del mundo solar”.

Banner de Amazon publicitando el libro Hector Servadac, de Julio Verne

También quedan en Formentera algunos molinos harineros. Aunque en sus comienzos fueron activados por tracción animal, después se sustituyeron los mecanismos por molinos de viento. Los más antiguos son el Molí d’en Teuet (1773) cerca de Sant Ferran, el Molí Vell de La Mola (1778) cerca del Pilar de la Mola y el Molí de Ses Roques (1797), en el mismo Sant Ferran.

Curiosidades

Una de las características de la isla es el apuntalamiento de las higueras, el árbol frutal de más presencia en la isla. Esta curiosa manera de “domar” la naturaleza ha creado auténticas obras de arte y ha hecho que algunas de estas higueras se hayan catalogado como árboles singulares en el Libro Blanco de Especies Protegidas del Gobierno de las Islas Baleares. La práctica del apuntalamiento nació para facilitar la recogida de la fruta y crear grandes espacios de sombra en verano. Se pueden observar estos ejemplares sobre el km. 9 de la carretera La Savina-La Mola.

Aquí acaba nuestro recorrido por la maravillosa Formentera, una paradisíaca isla mediterráneo bañada por unas aguas sin igual, pero con un patrimonio poco conocido que realmente vale la pena descubrir.

Información práctica:

-Mejor época para la visita: principios y finales de verano (se puede disfrutar de las playas, la aglomeración turística no es tan grande y el clima es más agradable para realizar visitas).

-Cómo llegar: la única manera de llegar a Formentera es en barco. Hay salidas diarias desde Ibiza, tanto de ferries sólo para pasajeros como los que también transportan vehículos. La duración del trayecto es de 35 min. Las navieras que realizan dicho trayecto son Mediterránea Pitiusa, Trasmapi, Aquabus (empresa low lost) y Baleària. Esta última también realiza trayectos con escala en Formentera desde Valencia, Denia y Barcelona y este año se ha implementado un ferry directo desde Mallorca.

Panorámica de una gran higuera apuntalada
Una de las higueras «apuntaladas» más grandes de Formentera

-Cómo moverse: aunque pueden alquilarse coches, la mejor manera es hacerlo en motocicleta o, si se está acostumbrado, incluso en bici. La mayoría de locales de alquiler se encuentran en el propio puerto. Mencionaré la empresa Cooltra por su alquiler de motocicletas eléctricas.

-Dónde dormir: Formentera es tan pequeña que es indiferente dónde dormir. Eso sí, hay que tener en cuenta que el alojamiento en la isla, debido a su demanda y limitación, no es nada barato, siendo difícil encontrar una habitación doble por menos de 100€/noche. Booking es una buena opción para buscar alojamiento.

-Más info: Turismo de Formentera


Mil Formas de Viajar ha recibido las siguientes acreditaciones por fomentar un turismo responsable:

Sello "Turismo responsable con los animales"
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Sello "Soy un turista responsable"

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