CONSUMISMO Y SOUVENIRS: El inevitable poder de la globalización

A las puertas de la Navidad, no puedo evitar pensar en el significado de la misma. Y, tristemente, hoy en día en nuestra sociedad, la Navidad se ha convertido en sinónimo indiscutible de consumismo. Un consumismo desenfrenado que nos lleva a comprar sin pensar más allá. Comprar por comprar, sin ser conscientes de lo que conlleva este acto.

De igual manera pasa cuando viajamos. En mayor o menor medida, el hecho de viajar siempre implica hacer compras: souvenirs para la familia, para los amigos, recuerdos para uno mismo, … Los más adictos ya lo planean de antemano con grandes listas, expectativas, e incluso días reservados exclusivamente a esta actividad. Los que menos, siempre caerán en la tentación de no volver a casa con las manos vacías.

¿Qué es un souvenir?

Pero, ¿nos hemos parado a pensar lo que realmente estamos comprando? ¿Qué es realmente un souvenir? La globalización no ha hecho más que estropear este concepto. Hoy en día, la mayoría de los recuerdos que se venden alrededor del mundo entero salen de las mismas fábricas. Después cada uno estampa el nombre del lugar en el que se va a vender y listo. La misma camiseta, el mismo bolso, el mismo llavero, la misma taza, … Ya sea en México, Italia, Tailandia o Australia, seguro que en todos estos lugares puedes comprar exactamente el mismo artículo y lo único que cambia es el nombre de la ciudad o del país.

El mismo souvenir se puede comprar en Bratislava, Praga o Ratisbona

Incluso cuando crees que vas a adquirir algo original del país que estás visitando, debes andar con pies de plomo y fijarte dos veces en lo que estás comprando. Hace unos años viajé a Jordania. Durante nuestra visita a Petra, nos acabaron “vendiendo” una cena beduina en medio del desierto. Nos recogieron en el hotel, cenamos, amenizaron la velada cantando y tocando instrumentos y, en un momento dado, uno de los chicos beduinos empezó a contarnos una historia familiar. Mencionó que su tía confeccionaba hattas (los famosos pañuelos tradicionales que se utilizan en todo Oriente Medio) y, como cabía esperar, sacó varios de una bolsa y nos los fue pasando con la esperanza de que alguien comprara alguno. ¡Cuál fue mi sopresa cuando el pañuelo llegó a mis manos y ví en él una etiqueta “Made in China”! Ni tan siquiera se había molestado en quitarla.

Souvenir barato vs artesanía manual

¡No quiero un pañuelo jordano hecho en China! No, pero cuando te llevan a un taller en el que elaboran artesanías como antaño, en las que invierten una cantidad elevadísima de horas, nos dicen lo que cuesta el artículo fabricado y nos parece desorbitado. ¡Uf, qué caro! Preferimos comprar una docena de tonterías que finalmente acabarán en un trastero o, peor aún, en un contenedor, pero tendremos la satisfacción de decir que cada una de ellas estaba “tirada de precio”.

Visita a un poblado Jemer en Camboya. En él se está fomentando el trabajo entre el sector femenino y para ello se están recuperando los telares. Una forma de colaborar con el proyecto es adquirir uno de los productos fabricados en la aldea.

¿Y no sería mucho más valioso llevarnos un solo recuerdo, pero que éste sea único, auténtico y que sintamos el placer de saber de dónde ha salido realmente? Para empezar, de esta forma estaremos fomentando el desarrollo local, un punto clave dentro del turismo responsable. Desde un collar hecho con semillas, un pañuelo tejido a mano, una alfombra elaborada nudo a nudo o una talla de madera esculpida por un artista local, todos serán recuerdos que nos llevaremos a casa con la seguridad de que serán únicos. Únicos porque no habrán salido de una gran fábrica situada a miles de kilómetros del lugar que estamos visitando. Y, sobre todo, único porque seguramente detrás de esa adquisición haya una historia, una persona, una anécdota o un recuerdo irrepetible e inigualable.

Menos consumismo globalizado y más compra local

Y para los que están aquí, ¿por qué no sorprenderlos a nuestra vuelta, por ejemplo, con una comida típica del lugar que hemos visitado? De esta manera aprovechamos de una manera original ese curso de cocina local que hemos realizado. O juntamos a los amigos para degustar a la vez esos productos típicos que hemos adquirido. Tal vez lo valoren más que el tal recurrido imán de nevera, la camiseta estampada o uno de tantos cachivaches que posiblemente acabe olvidado en un cajón.

Sí, es verdad que el mundo de hoy en día gira alrededor del consumismo. Hemos crecido con ese concepto. Hasta todo lo que se fabrica hoy en día está pensado para ser reemplazado, al cabo de poco tiempo, por otro producto nuevo, una práctica que incluso ya tiene un nombre: obsolescencia programada. Hay circunstancias de las que no nos podemos librar, pero en otras muchas deberíamos ser un poco más responsables y no dejarnos arrastrar por la corriente consumista. Al fin y al cabo, siempre hay alternativas.

¡Feliz Navidad!

Sello "Turismo responsable con los animales"
ATENCIÓN: al adquirir un souvenir, recordad que en muchos países se venden objetos hechos con partes de animales. Debemos ser muy precavidos e informarnos de lo que compramos, de lo contrario, es mejor evitar cualquier souvenir de procedencia dudosa. Para más información, entra aquí.

Aunque siempre trato de fomentar el desarrollo local, uno no puede obviar la tendencia general a la compra online. Pero, incluso en las tiendas virtuales, podemos intentar apoyar la compra a los pequeños artesanos.


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