MOCHILERO A LOS 50: NUNCA ES TARDE PARA EMPEZAR

Hay mucha gente que me pregunta por mis viajes, se queda escuchando encandilado pero después me contesta «¡Qué envidia! ojalá yo también pudiera viajar así». ¿Qué te lo impide? «Mi espalda no me permitiría viajar con mochila». La mochila es simplemente una herramienta para viajar de forma más cómoda y ligera. Si uno no quiere, no tiene que llevarla a peso más de lo que arrastraría una maleta convencional.  «Yo ya soy mayor para ir con la mochila al hombro». La edad también es un pretexto, ya que nunca es tarde para empezar. Si no, que se lo pregunten a mi marido…

Mochilero a los 50
Moviéndonos por Tailandia

     Y precisamente por este motivo ha querido colaborar en mi blog relatando su historia:

     Muchas veces me sorprende a mí mismo la pasión con lo que hablo a mis amigos y conocidos de mis viajes, cuando no soy capaz de encontrar adjetivos en el diccionario para expresar lo que siento al recordar esos momentos tan exclusivos y especiales que he vivido viajando, disfrutando plenamente del destino y de sus gentes de la única forma en que he podido hacerlo… como mochilero. Pero no siempre fue así…

Guía Camboya de Sur a Norte
Camboya: a veces las cosas no salen como están previstas, pero nos lo tomamos con humor

    

Antes de los 50 no me atreví a salir de España

    Tengo 55 años y, a pesar de que siempre me gustó viajar, nunca lo había hecho como ahora. De hecho, ni siquiera había salido de España (donde más lejos llegué fue a Canarias)…uff, casi prefiero no pensar en ello. En esa época viajaba siempre por cortos periodos, de una semana…o diez días como mucho, alquilando un coche en mi destino, buscando comodidad en los alojamientos y comiendo en buenos restaurantes.

     Me había creado a mi mismo muchas barreras para salir al extranjero: el idioma, el miedo a lo desconocido… y si tenía algún problema? qué haría? En otros países, otras culturas, con otras gentes tan diferentes…sin embargo, todo ello no estaba sino en mi cabeza. Nada más lejos de la realidad.

     En el 2012 conocí a Miriam (viajera empedernida) y a partir de entonces cambié mi forma de viajar. Con ella hice mi primer viaje a otro país… dos semanas en Polonia, durante las cuales, aparte de disfrutar muchísimo con la sorprendente belleza del país, aprendí a viajar de otro modo, a improvisar, y, sobre todo, a adaptarme al ritmo que marca la forma de vida del lugar que visitas, tan diferente a veces de lo que estamos acostumbrados.

Cumplí los 50 y me eché la mochila al hombro

     Y al año siguiente, por fin, con 50 años recién cumplidos, comenzó mi andadura como mochilero. El destino, Jordania, y la experiencia, inolvidable. No voy a extenderme aquí en narrar lo que fueron esos once días. En definitiva, me quedo con las ocasiones en que nos movimos en transporte público junto a la gente del país, con las veces en que tuvimos que improvisar algún plan contactando con los locales para llevarlo a cabo y con los momentos en que compartimos con ellos conversación. O algo más, como beber un vasito de té con los beduinos de Petra sentados en el borde de una elevación con la ciudadela a nuestros pies…una sensación indescriptible.

Las huelgas en Perú convirtieron uno de nuestros trayectos en toda una aventura

     En los años sucesivos hemos alternado también viajes a otros destinos dentro de Europa (no como mochilero), pero ha sido en Tailandia, Marruecos, Sri Lanka, Perú, Camboya,…en donde, como en esa primera vez , las vivencias, aventuras, peripecias y vicisitudes han sido muchas, variadas y, sobre todo, enriquecedoras. Nos alojamos en habitaciones compartiendo techo con las familias, comemos donde lo hacen los lugareños, vamos con ellos en el autobús, conversamos con ellos, nos empapamos de su cultura, sus costumbres, su forma de vida, su gastronomía.

      En fin, se me hacen cortas las tres semanas que pasamos en estos lugares, a pesar de que no siempre puedes darte una ducha como lo harías en casa, o tienes que lavarte la poca ropa que te llevas, o no te sientas a comer en un restaurante en días, o vas en un bus abarrotado agarrado a la puerta para no caerte…circunstancias que dejan de ser adversas para aportar un valor añadido a nuestra aventura.

Uno de los mayores estimulantes de un mochilero es el contacto con la gente

     Y si hablamos de la gente, ésta merece un capítulo aparte. La hospitalidad con te reciben en sus países…e incluso en sus casas, ofreciéndote lo poco que tienen; la amabilidad con que te saludan por la calle, interesándose por tu viaje, por si te gusta su país; ayudándote en todo lo que pueden, acompañándote a tu autobús cuando llegas a una estación, o cediéndote su asiento o buscando cualquier hueco donde meter tu mochila.

Mochilero a los 50
En Jordania empecé mi andadura como mochilero

     Así que os animo a todos que estáis leyendo estas líneas, a los que buscáis algo diferente, algo que os llene como me llena a mí, tengáis la edad que tengáis (nunca es tarde para empezar) a dar el paso que yo di, para descubrir lo que ahora es mi auténtica pasión, tanto que ahora es Miriam la que tiene que frenarme.

Toni


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